Eso no se vende por docenas

“¡Eso no se vende por docenas!”

“¿Cuánto necesita? ¡Cuánto¡

“Señora, el problema no es de plata. No le puedo vender una docena”

“¡Usted no entiende, señorita. Necesito dos docenas! ¿Dónde está el dueño de este chuzo? Que venga. A él seguro si le interesará la plata. ¡Llámelo!”

Pasaron unos minutos y entró un señor muy bien vestido al lugar. La joven del mostrador se le acercó y le señaló a la señora de las docenas. El señor la miró e hizo una mueca para saludarla.

“¿Cómo se encuentra el día de hoy? ¿En qué puedo serle útil, señora?”

“Mire señor, llevo un buen rato tratando de explicarle a la joven que necesito que me venda dos docenas, no me importa cuánto me cueste, necesito dos. Pero ella insiste en que no los vende por docenas.”

“Señora, el problema no es la plata. El problema es que la ley no me lo permite”

“Ay señor, por favor, no venga usted a hablarme de la ley. La ley no dice que no se puede. Además, usted puede hacer lo que se le dé la gana, es su negocio. Y es un negocio bien lucrativo. ¿Cuánta plata quiere? O es que se cansó de la plata…

“Señora eso le va costar mucho dinero”

“Puedo pagarle en efectivo o tarjeta” le dice al señor mientras le saca un fajo de billetes del bolso “No necesito que me haga descuentos. Solo véndame las dos docenas que le pido”

Los ojos del señor brillaron, era mucho dinero. Parecía haber accedido a venderle las dos docenas.

“Dígame señora, ¿por qué quiere tantas? Es la primera vez que alguien viene a comprar más de dos en un día.”

“Necesito asegurarme que el próximo que decida matarse tenga un lugar donde la vieja pueda ir a visitar los huesos”

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